Archivo mensual: junio 2008

Ricardo Menéndez Salmón

Ahora es el gran tiempo, río arriba, de los ilustres salmones. La «horda plateada» remonta las aguas de sus ríos natales para desovar. Las mayores abadías y las mejores canonjías de Occidente se preparan para recibir diezmos y primicias. Y siento no estar en la Espiñeira, donde mi dulce Masma natal —más hermoso, más verde, más lento que el Avón— se encuentra con el mar. El salmón del Masma es fino, más prieto de carnes. Mis señores obispos lo gustaban bien empanado.

Álvaro Cunqueiro  «Historia de los salmones para contar en abril», en La cocina cristiana de Occidente, Barcelona: Tusquets Editores, 1991. p. 94 

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¿Nueva York?

No, libros en cajas en un almacén de Amazon

(Foto: Reuters/ El País)

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Uso y mención

A D. Eduardo Larequi, animus iocandi

 

La distinción entre uso y mención es fundamental. Fue ya barruntada por algunos escolásticos en la llamada teoría de las suposiciones. Entre éstas había, en efecto, dos que nos interesan aquí particularmente: la llamada suposición formal (suppositio formalis) y la llamada suposición material (suppositio materialis). Se decía que una expresión estaba en suppositio formalis cuando se refería a la entidad, tal como en:

Homo currit.

Se decía que una expresión estaba en suppositio materialis cuando se refería al nombre de la entidad, tal como en:

Homo est disyllabus

De hecho,  hubiera debido escribirse, según nuestra convención:

‘Homo’ est disyllabus.

Los escolásticos, sin embargo, aunque conocedores de la distinción entre el uso y la mención, no adoptaron ningún expediente en la escritura de los signos, se fiaban del contexto para descifrar en qué suppositio eran tomados cada una de las partículas o de los enunciados.

En nuestra actual terminología, la distinción entre uso y mención está basada en la llamada teoría de la jerarquía de lenguajes (…). Consiste esta teoría en distinguir entre un lenguaje, usualmente llamado objeto lenguaje, y el lenguaje de este lenguaje, usualmente llamado metalenguaje. El metalenguaje es el lenguaje en el cual hablamos acerca del objeto-lenguaje. Para hablar de un lenguaje necesitamos, en efecto, siempre otro lenguaje. Si escribimos:

‘Los cuerpos son pesados’ es verdadero,

tenemos una expresión en la cual ‘es verdadero’ es afirmado de ‘los cuerpos son pesados’. ‘Es verdadero’ pertenece, pues, a un metalenguaje: el metalenguaje del objeto lenguaje de la física en el cual se enuncia que todos los cuerpos son pesados. El objeto-lenguaje es siempre un lenguaje inferior al metalenguaje. Sin embargo, ‘inferior’ no debe entenderse aquí en un sentido valorativo; designa simplemente el lenguaje del cual se habla y especifica su posición en el universo del discurso. El objeto-lenguaje lo es, en efecto, sólo con relación al metalenguaje, y éste sólo con relación a aquél. Por otro lado, un metalenguaje se llama inferior con respecto a otro metalenguaje en que se habla de él. Así, el metalenguaje al cual pertenece el enunciado:

‘Sauce’ es una voz en el idioma español

es inferior al metalenguaje al cual pertenece el enunciado:

‘Sauce’ es una voz en el idioma español’ es verdadero.

La serie de metalenguajes es, por lo tanto, infinita. Con el fin de evitar la reduplicación de `meta’ antepuesto a ‘lenguaje’ —metalenguaje, meta-metalenguaje, etc.— suele usarse el índice ‘Ln.’. Así, dado un lenguaje cualquiera, Ln, ‘Ln+1 indica su metalenguaje, Ln+2 el metalenguaje de ese metalenguaje, y así sucesivamente.

 

 

 

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Del hábito vicioso

P. ¿Qué es hábito vicioso, o de pecar?

R. Que es: Facilitas quaedam orta ex repetitis actibus vitiosis ad similes actus vitiosos. Se distingue del pecado habitual, en que esto se produce por un solo pecado mortal, y para la producción de aquel se requieren muchos y repetidos. Se distingue también, en que el pecado habitual es incompatible con la gracia, siendo grave, y el hábito vicioso aunque lo sea, no es incompatible con ella, como se ve en el hombre vicioso, cuando hace un acto de contrición perfecta, o recibe el Sacramento de la Penitencia con atrición sobrenatural, al cual, aunque se le quiten todos los pecados mortales, no los hábitos viciosos, que piden muchos actos contrarios para disiparse, o continuada cesación de los que lo causaron. Se distingue también el hábito vicioso de la ocasión próxima; porque ésta se tiene cum aliquo extrinseco, y aquél puede uno tenerlo consigo mismo.

P. ¿Es pecado el hábito vicioso? R. Que el hábito vicioso, así como la costumbre, puede considerarse de cuatro maneras. 1. Active et infieri. 2. Formaliter. 3. Concomitanter. 4. Consequenter. De la primera manera es lo mismo que la repetición de los actos pecaminosos, mediante los cuales se engendra el hábito, o costumbre de pecar. De la segunda, es el mismo hábito engendrado, el cual no es pecado, así como no lo es la potencia de pecar. La tercera contiene una voluntad de no expeler el hábito vicioso, lo cual es nuevo pecado. La cuarta denota los pecados que se siguen del mal hábito adquirido. Esto supuesto.

R. Que el hábito vicioso no es en sí formalmente pecado, pero lo es el no procurar expelerlo; lo son los actos que lo engendran, y los que son efectos de él; y así el penitente, siendo el hábito gravemente malo, debe declarar en la confesión, si los pecados proceden de alguna mala costumbre, o de algún mal hábito.

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Del dominio

A. D. Eduardo Larequi

 

P. ¿Qué es dominio?

R. Que es: Facultas utendi re in omnes usus lege permissos, ad suum conmodum. Hablamos del dominio de propiedad. Dícese este facultas; y en esto conviene con la posesión ut propria, esto es; no en nombre de otro, quoad omnes usus; en lo que se diferencia del uso nudo, y del usufructuario, que no puede enajenarla: lege permissos; porque el uso contra las leyes, más que uso, debe llamarse abuso. Este dominio se divide en espiritual, cual es el que se tiene de la gracia y gloria; y en natural, como el que tiene el hijo en los bienes heredados de su padre. Divídese también en eclesiástico y civil. El primero se halla acerca de los beneficios, y otros oficios eclesiásticos, y el segundo se adquiere por la prescripción según derecho civil.

Se divide asimismo el dominio de propiedad en alto y humilde. Aquél se halla en el Príncipe Supremo para disponer de sus súbditos en orden al bien común, y éste lo goza cualquier particular en sus propios bienes. Se subdivide el dominio humilde en pleno o perfecto, y en semipleno o imperfecto. Será perfecto, cuando el que lo tiene puede disponer de la substancia de la cosa juntamente con sus frutos en beneficio propio; e imperfecto, cuando el dominio directo y útil no se halla en un mismo sujeto, sino en uno la utilidad y en otro el dominio; o cuando son muchos los dueños de la cosa, o ésta se ha de dividir entre muchos. El que posee un mayorazgo es verdadero dueño de él, y así tiene verdadero dominio en él; porque aunque no pueda enajenarlo, puede usar de él ad omnes usus lege permissos. La propiedad de las cosas no se introdujo en el mundo por derecho natural, sino por el de gentes, aunque ella sea muy conveniente para la común paz y tranquilidad de los hombres, atenta su condición y fragilidad. Véase S. Tom. 2. 2. q. 66. art. 1.

P. ¿Qué es translación de dominio, y de cuántas maneras puede hacerse?

R. Que es: Transmissio rei ab eo, qui legitime possidet, in alterum, qui incipit esse dominus; lo cual se hace, o entregando la cosa, o su título, que es el fundamento sobre que estriba el dominio. Tres son las causas de esta translación, es a saber; la voluntad de Dios ciertamente conocida; la expresa del poseedor del dominio; y la del Príncipe o Legislador, que mediante las leyes transfiere el dominio de uno en otro.

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Esto tampoco es una pipa

“Arroyos de truchas, nudo de víboras”

<https://micenton.wordpress.com/2008/03/30/arroyos-de-truchas-nudos-de-viboras/ > es un fragmento de La carretera, de Cormac Mcarthy, pero, llevado por la pereza, no lo transcribí de mi ejemplar; lo copié del artículo de D. Eduardo Larequi, “Devastación y esperanza para la ciencia ficción”, publicado en el número 7 de la revista Hélice <http://www.revistahelice.com/revista/Helice_07.pdf>, a la que llegué leyendo el blog de D. Eduardo Larequi, concretamente su crítica “La carretera, de Cormac McCarthy” <http://www.labitacoradeltigre.com/2008/01/10/la-carretera-de-cormac-mccarthy/>, en la que cuenta que “Ayer (no ayer en relación con hoy, sino el 9 de enero de 2008) terminé (D. Eduardo Larequi, no yo) una larga crítica de La carretera, la novela de Cormac McCarthy ganadora de la última edición del Premio Pulitzer para obras de ficción. Si todo va bien, mi trabajo (el suyo, el de D. Eduardo Larequi) se publicará en el próximo número de la revista Hélice, en la que colaboro (D. Eduardo Larequi, no yo) con cierta regularidad y cuyos cinco primeros números (la aparición del sexto coincidió con alguna otra ocupación y no me dio tiempo a completar la correspondiente reseña), he comentado (escribe D. Eduardo Larequi) en este blog”, amparado (añado yo, Micenton) por la licencia Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 2.5 Spain License .

Sólo el título “Arroyos de truchas, nudo de víboras” es mío.

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El Tropezón

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