Retrato

Incluso físicamente tendía a escabullirse, a desaparecer, a borrarse. Malnate y yo nos sentábamos generalmente frente a frente, en el centro de la estancia, uno en el diván y el otro en uno de los dos sillones, con la mesita en medio y estando bien iluminados los dos; y una vez sentados, no nos levantábamos, prácticamente, más que para entrar en el cuarto de baño contiguo al dormitorio o para ir a  mirar el estado del tiempo a través de los cristales del ancho ventanal horizontal que daba al parque. Alberto, por el contrario, prefería permaneces allá abajo, en el fondo, protegido por la doble barricada del escritorio y del tablero de  dibujo. Más a menudo, sin embargo, le veíamos rondar de uno a otro lado por la habitación, de  puntillas y con los codos apretados al cuerpo. Cambiaba uno tras otro los discos de la radiogramola, procurando siempre que el volumen del sonido no cubriese nuestras voces; vigilaba los ceniceros, cuidando de vaciarlos en el cuarto de baño, cuando estaban llenos; regulaba la intensidad de las luces indirectas; preguntaba en voz baja si queríamos un poco más de té, o rectificaba la posición de tal o cual objeto. Tenía el aspecto atareado y discreto de dueño de casa preocupado únicamente por una cosa: que los importante cerebros de los huéspedes tengan latitud de funcionar en las mejores condiciones de ambiente posibles.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo General

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s