Buenos propósitos

Escribir crítica es un empleo a tiempo completo con un sueldo de media jornada, un oficio en el cual nuestro mejor trabajo siempre está sometido a la crítica de algún otro, en el que los triunfos son efímeros y sólo la esclavitud de la tarea es permanente, y en el que el futuro no ofrece nada seguro, excepto la certeza de acabar convertido en un gacetillero. Hay días en que un crítico se parece más y más a ese robot que hay en el muelle de Brighton, que engatusa a los paseantes con una metálica voz subhumana y, cuando éstos echan una moneda, les ofrece una cartulina con una crítica llena de lugares comunes y comentarios irrelevantes. Puede decir de sus libros como el reloj de sol dice de las horas: “Vulnerat omnes; ultima necat” [Todas hieren; la última mata]. ¿Quién sino el mejor de los críticos sería el peor de los novelistas e idearía entre noviembre y abril una novela con los excesos que ha cometido entre mayo y octubre?

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