Archivo mensual: marzo 2008

Borges sobre Baudelaire

La cursilería gusta… es la piedra de toque para saber si una persona entiende algo de poesía.

 
Bientôt nous plongerons dans les froides ténèbres;
Adieu, vive clarté de nos étés trop courts!
 
Ce bruit mystérieux sonne comme un départ.
 
II 
 Amante ou soeur, soyez la douceur éphémère
 
 ¡  !
 
Ah!  mon front posé sur vos genoux
Goûter,
De l’arrière-saison le rayon jaune et doux!

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Arroyos de truchas, nudo de víboras

Una vez hubo truchas en los arroyos de la montaña. Podías verlas en la corriente ambarina allí donde los bordes blancos de sus aletas se agitaban suavemente en el agua. Olían a musgo en las manos. Se retorcían, bruñidas y musculosas. En sus lomos había dibujos vermiforme que eran mapas del mundo en su devenir. Mapas y laberintos. De una cosa que no tenía vuelta atrás. Ni posibilidad de arreglo. En las profundas cañadas donde vivían todo era más viejo que el hombre y murmuraba misterio.

En el lindero de un campo en invierno entre hombres rudos. La edad del chico ahora. O un poco mayor. Observando cómo abrían el rocoso suelo de la ladera con pico y azadón y exhumaban toda una papilla de serpientes, quizá un centenar. Reunidas allí para darse calor unas a otras. Aquellos tubos pálidos empezando a moverse perezosamente a la fría y dura luz. Como intestinos de alguna bestia enorme expuestos al día. Los hombres les echaron gasolina encima y las quemaron vivas, no teniendo ningún remedio para el mal sino sólo para la imagen del mismo tal como ellos lo concebían. Las serpientes inmoladas se retorcían horriblemente y algunas cruzaban el suelo de la gruta iluminando con sus cuerpos en llamas los lugares más recónditos. Dado que eran mudas no hubo gritos de dolor y los hombres en un silencio similar las vieron arder y contorsionarse y volverse negras y en silencio se dispersaron en el crepúsculo invernal cada cual con sus pensamientos camino de la casa y la cena respectivas.

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La vida en llamas

Hace algunos años, poco antes de que nos separásemos, una noche del verano más caluroso que yo pueda recordar, mi mujer y yo estábamos sentados en el porche de nuestra casa cuando un hombre envuelto en llamas penetró en el jardín, pasó ante nuestros ojos asombrados moviendo los brazos como si estuviera dirigiendo una orquesta invisible y se arrojó a la pequeña piscina que, en ratos perdidos, yo había ido construyendo para mis hijos con las mismas manos con que ahora escribo estas páginas.

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Moda primavera-otoño (según el hemisferio)

Bientôt nous plongerons dans les froides ténèbres;
Adieu, vive clarté de nos étés trop courts!
 
Ce bruit mystérieux sonne comme un départ.
 
II 
 Amante ou soeur, soyez la douceur éphémère
 
 ¡
 
Ah!  mon front posé sur vos genoux
Goûter de l’arrière-saison le rayon jaune et doux!

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Clavicordio ocular

Siguiendo a Newton, aunque criticando sus postulados de la física de los colores, el padre jesuita Louis-Bertrand Castel inventaba en Paris su famoso “clavicordio ocular”. Mucho antes de que las vanguardias de principios del siglo XX se apropiaran de la temática de la movilidad, el padre Castel intentaba producir “unas magias cromáticas abstractas que se manifestaban en la temporalidad de una contemplación ya no estable sino cambiante, a la medida del insaciable afán de curiosidad del espectador moderno.” Para este fin, su “clavicordio ocular” contaba con un teclado cuyas teclas activaban unas láminas de tela finísimas, impregnadas de distintos colores que, respondiendo a una nota, pasaban ante una llama que impulsaba una proyección espectral de luz coloreada.

(M.I. Tosticarelli)

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Hablan de nosotros

Certainly, if money,could have been raised upon the book, Robert Herrick would long ago have sacrificed that last possession; but the demand for literature, which is so marked a feature in some parts of the South Seas, extends not so far as the dead tongues; and the Virgil, which he could not exchange against a meal, had often consoled him in his hunger. He would study it, as he lay with tightened belt on the floor of the old calaboose, seeking favourite passages and finding new ones only less beautiful because they lacked the coinsecration of remembrance. Or he would pause on random country walks; sit on the path side, gazing over the sea on the mountains of Eimeo; and dip into the Aeneid, seeking sortes. And if the oracle (as is the way of oracles) replied with no very certain nor encouraging voice, visions of England at least would throng upon the exile’s memory: the busy schoolroom, the green playing-fields, holidays at home, and the perennial roar of London, and the fireside, and the white head of his father. For it is the destiny of those grave, restrained and classic writers, with whom we make enforced and often painful acquaintanceship at school, to pass into the blood and become native in the memory; so that a phrase of Virgil speaks not so much of Mantua or Augustus, but of English places and the student’s own irrevocable youth.

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Imprecación

Ninguno de vosotros verá mañana el día… ¿Estáis a bien con el Señor? ¿Conoció tu yunta buey y asno jun­tos? ¿Y tu cuerpo vestido de lana y lino? ¿Extraviásteis alguna vez a un ciego? ¿Sabéis cuantas son dos tórtolas más dos pichones? Vosotros, los que no distinguen una driza de un rizo, ni un briol de una bolina, merecéis que os arrojen al mar, así como a alguno de vuestros alimentos, el cerdo, que tiene la pezuña dividida y el pie hedido, pero no rumia, o el camello, que rumia, pero al que no se le ve dividida la pezuña. Cómaos el tiburón, abominable pez sin descanso, que tiene aletas pero no escamas…

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